Crónica de dos muertes absurdas: Desaparecidos Sociales
Por Rafael Flaiman
Producción: Yanina Muratore
Foto: Coqui López
Hace apenas unas semanas dos muertes tuvieron lugar en nuestra ciudad y ninguna de las dos fue tema de crónicas periodísticas. Ambas se sucedieron en dos de los barrios más “complicados” de San Pedro, donde las políticas públicas no llegan, la policía “no se mete”, los remisses no van… y las ambulancias tampoco. Crónica de dos muertes absurdas, en barrios de San Pedro donde la muerte es un vecino más.
Un niño sin ambulancia
Barrio 2 de Abril, madrugada fría y brumosa, la quietud de la oscuridad es quebrada por el desgarrador grito de una madre: hay un niñito de apenas dos años que se muere. El niño tenía un cuadro grave de neumonía y había sido enviado a su casa, esa misma noche, por médicos del Hospital local que lo atendieron y determinaron que no debía quedar internado. El niño murió esa madrugada fría y brumosa en su casa del barrio 2 de Abril, esperando una ambulancia que nunca llegó. El celular de sus padres todavía tiene grabados los tantos intentos de comunicación con el servicio 107: “No nos daban bola”, dicen, “Se nos cagaban de risa”, lanzan entre llantos.
La pobreza de su familia impedía darle siquiera un entierro digno. Los vecinos del 2 de Abril tuvieron que juntar dinero entre ellos para poder comprar el cajoncito donde hoy duerme para siempre ese niño. Algunos pusieron $15, otros menos, uno puso $100 y de esa forma, entre todos, unidos en la inmensa tragedia de una muerte infantil, velaron el cuerpito helado. Nada consuela, nada explica, nada le devuelve la vida a un niño que sufrió las consecuencias de políticas públicas que alimentan la exclusión.
La pregunta inevitable es: ¿Por qué un niño de dos años muere de neumonía en una ciudad como San Pedro, cuyos gobernantes se jactan de tener mucho dinero público ahorrado? La muerte de este niño es sencillamente absurda, mil veces evitable, mil veces indignante, mil veces triste y dolorosa. ¿Podrá alguien alguna vez responder cómo se llega a una situación tan extrema, sin ninguna intervención?
El suicidio anómico
Hace tres años, una familia fue desalojada de una vivienda en avenida 11 de septiembre y fueron enviadas “al campo”, como dicen ellos, a una casa desolada, sin luz, sin agua, cerca de un viejo frigorífico y lindera al barrio La Tosquera. Allí, en ese contexto, uno de sus miembros, un adolescente de 17 años, sufriendo emocionalmente el problema habitacional de la familia, no aguanto más y se quitó la vida, irónicamente, en una fábrica abandonada.
También, una muerte evitable, indignante, de un jovencito cansado de los avatares que tenia que vivir con su familia. Hoy, la mamá de este joven está, por supuesto, destruida, pero ¿a quién le importa? La intervención violenta por parte del Estado Municipal en el desalojo se continuó tras la muerte del joven: queriendo reparar la situación, aparecieron las mercaderías, el agua, la luz, y todo lo que la familia pedía antes, pero… demasiado tarde. J., hermana del adolescente, describió: “Mi mama le tiró todo por la cabeza a la Marta (Perret, Secretaria de Desarrollo Humano)”.
El sociólogo conservador del orden social imperante en el siglo XIX y de ideas políticas socialdemócratas Èmile Durkheim, en su famosa investigación El Suicidio, denomina a uno de los tipos de suicidios como anómico. Dice que el suicida llega a esa instancia porque las aspiraciones sociales que posee no se corresponden con lo que puede lograr.
El Estado es el garante de los derechos constitucionales de acceso a la salud, la vivienda digna, el trabajo, el desarrollo social y cultural de las personas. El neoliberalismo en su versión dictatorial desaparecía personas en campos de concentración clandestinos. La versión democrática instalada en los noventa, produce desaparecidos sociales en los barrios excluidos. San Pedro, lamentablemente, aún no logra despojarse de políticas públicas que reproducen la exclusión y generan muertes como estas.
Por suerte, la posibilidad de evitar más muertes absurdas como estas, reclamando al Estado políticas públicas que tiendan a la inclusión social que derivará en un San Pedro más feliz, está en manos de todos, cada vez más cerca, el dmingo 28 de octubre, cuando decidamos si queremos seguir con este modelo de gestión muncipal, que esconde los problemas bajo la alfombra, o no.