Educación y violencia
Por Yanina Muratore
Foto: Coqui López
¿Existen escuelas que aportan a la reproducción de la violencia? Implosión Web accedió a fuentes que testimonian dos hechos intolerables: un niño lleva una navaja a la escuela y la propia Directora se la devuelve escondida en la mochila; otra Directora parece haber calzado a su familia con zapatillas enviadas por el gobierno provincial. La sistematica violacion de los derechos de los niños es tema cotidiano en nuestra ciudad, mientras el gobierno municipal hace la vista gorda. Mono con navaja En una escuela de San Pedro, donde los docentes muchas veces eligen no ir, una de las llamadas “escuelas de segunda”, periféricas, ocurrió hace unos días un hecho terible: un niño de ocho años con una trayectoria familiar muy pesada, hermanos presos, tía presa, mamá con problemas de nerviosismo, manifiesta en la escuela sus problemas a través de comportamientos violentos con sus compañeritos. Un día fue a la escuela con una navaja. Una compañerita avisó a la Directora, por ende el nene tuvo su represalia. Al otro día, esta misma compañerita avisó en la escuela que habia sido golpeada por el nene, a lo que la Directora de la escuela contestó: “Te pasa por buchona”. A la semana siguiente, el niño vuelve a llevar la navaja; nuevamente la Directora es avisada, esta vez por el plantel docente de la escuela. La Directora le quitó la navaja, pero una maestra vio cómo su superior envolvió en un buzo la navaja para que el niño lleve de vuelta el arma blanca. Una maestra de la escuela contó a Implosión Web que la mamá del niño nunca fue citada por este “problemita”, y cuando acudió a la asistente social del lugar, ésta le contestó: “Esto no es nada, no hay por qué hacer tanto escándalo, en el conurbano las escuelas tienen un tacho donde los chicos dejan las armas blancas al entrar a la escuela y se las llevan cuando se van”. ¿Habrá que conseguir un tacho?, le preguntamos, entre irónicos y tragicómicos, a la maestra que nos contaba el suceso. La situación social en San Pedro es tan crítica que se necesitará muchos años para revertirla. Pero lo más critico es el cinismo de los adultos, de los encargados de trabajar en estos lugares donde se necesita mucha ayuda. Los niños necesitan una soga para salvarse del naufragio. La escuela es un lugar donde estos niños pueden encontrar alguna salida, algun hilo de luz, pero se necesita docentes comprometidos, no cínicos que aportan a la reproduccion de la violencia.
Zapatillas y Libros En una de las escuelas periféricas, donde se reparten zapatillas que aporta el gobierno provincial, llegó un lote con zapatillas de calidad. Una fuente dijo a Implosión Web haber escuhado a la Directora de la escuela decir, en el medio de una reunion de amigas, mirando un partido de rugby: “A la escuela el otro dia vinieron unas zapatillas bárbaras, de muy buena calidad, calcé a toda mi familia”. De probarse, esto es un acto de corrupcion intolerable… qué otras cosas se llevarán para sus familias y no lo sabemos. En otra escuela periférica, los cocineros del comedor escolar no quieren trasladar una olla diez metros porque el reglamento no se los permite. Por razones de refacciones hay incovenientes en la cocina y hay que ir a buscar el agua un poco más lejos que de costumbre, pero el sindicato no se los permite. En este barullo, los niños del primario del lugar comen fiambre, pizzas, dulce de batata con pan, cualquier cosa… y es en la escuela donde reciben la única comida fuerte del día. En otra escuela de San Pedro, una directora no permitía a los docentes asistir a las reuniones de delegados sindicales. Llevamos veinticuatro años de democracia, y quitar el derecho de actividad gremial es hoy una actitud que debemos denuciar y pedir que nunca más suceda. Terrible todo, el desprecio hacia los niños, la naturalizacion de estos hechos aberrantes, el cinismo de algunos docentes y demás trabajadores de la educacion. La violación de los derechos del niño están a la orden del día en un San Pedro cuyos gobernantes hacen la vista gorda, mientras se jactan de un sueperávit fiscal que parece fruto de una deuda social cada vez más grande. Se entiende por qué el niño de la foto nos mira… cuántas preguntas en esa mirada.