El Angel olvidado
Por Rafael Flaiman
Ángel Montalvo es un viejo habitante de Las Canaletas. Actualmente vive detrás de la Cooperativa, entre unas chapas bajo las que se calienta junto al fuego con que cocina lo que le acercan, y duerme en un cuartito en el que apenas entra con el cuerpo doblado.
Ya fue internado en el geriátrico de Santa Lucía, de donde eligió irse a causa de la profunda tristeza que le provocó cambiar su vida cotidiana junto al río.
Con más de 80 años, el poeta y albañil “Angel el Cruel” vive tirado, a la intemperie, sufriendo las consecuencias de la ausencia total de políticas municipales que contemple a los adultos mayores como actores de la sociedad.
Ángel Emiliano Montalvo es otro de los testimonios más duros que a este cronista le tocó escuchar durante la producción del programa de televisión Sub_SP Relatos de una Ciudad Oculta. Fue en ocasión del tema Ancianidad. Llegamos a él cuando habíamos ido a Las Canaletas a entrevistar a otro anciano, y un vecino nos habló “del linyera que vive ahí atrás” de la cooperativa. Hoy todavía vive allí, tirado, a la intemperie, condenado a elegir entre eso o la tristeza del desarraigo en el geriátrico. Ángel es hijo de vascos, pescador, albañil, poeta y un personaje histórico de la zona de Las Canaletas, donde se crío desde que su madre lo trajo de Pavón Abajo, provincia de Santa Fe, cuando era pequeño. “De los cuatro años que ando corriendo por estas barrancas”, relata Ángel el Cruel, como gusta llamarse a sí mismo. Ángel tramitó una jubilación que cobra mensualmente, unos $ 300 de los que apenas come. Su edad le impide seguir soportando los rudos trabajos a que su cuerpo estaba acostumbrado en otras épocas: pesca, albañilería, pintura, cosecha de arroz, de papa… Ahora, su flaca y larga figura se va encorvando, entre el frío, la vejez, la soledad y el dolor de no poder disfrutar de sus últimos años como quisiera, como debiera. El geriátrico El año pasado fue internado en el geriátrico del Hospital de Santa Lucía. “Me llevaron engañado, vinieron en la ambulancia y me dijeron que me iban a dar una pieza; y yo pensé que en una de esas podría sembrar, criar gallinas… y me encerraron con otros que, pobrecitos, ni hablar podían”, describió Ángel ante las cámaras de televisión. Antes del geriátrico, el poeta vivía en un rancho en la isla frente a Las Canaletas, pero la creciente le había impedido volver, por lo que tuvo que instalarse prácticamente en la calle. En Santa Lucía, un buen día, cansado de estar en un paisaje que no es el propio, y con prácticas cotidianas que nada tenían que ver con las suyas de toda la vida, el pescador y poeta de las barrancas se volvió para el pago. Desde entonces vive detrás de la sede la Cooperativa Las Canaletas, frente al río. Allí tiene unas frazadas puestas sobre un colchón finito, en un cuartito, donde duerme con las rodillas flexionadas. Sobre un costado puso unas chapas y nylon para tener un resguardo del frío donde pasar el día. La ancianidad
La ancianidad, como la niñez y la juventud, es -suele ser- tema importante en las agendas de los gobiernos de turno, fundamentalmente porque es un sector de la población a tener en cuenta pues implica una gran masa de gente que, al quedar excluida del sistema laboral, suele quedar también excluida de todo el resto. Las políticas para la ancianidad suelen estar destinadas a hacer del período postlaboral un período de bienestar, fortaleciendo las asociaciones de jubilados, subvencionando hogares públicos, desarrollando actividades que tiendan a tener en cuenta a los adultos mayores como parte constitutiva de la comunidad.
Hoy los ancianos sampedrinos carecen de políticas reales que los contemplen como actores importantes de la sociedad. Las sociedades actuales, con su culto al joven y a la belleza, tiende a dejar la figura del adulto mayor afuera de la vidriera de exposición de la realidad. A ello debe sumarse cierta tendencia a ridiculizar a los adultos mayores, a negarles su estatuto de persona, su sexualidad, sus deseos, su futuro. Los viejos son expulsados y maltratados por la sociedad actual.
Viejo y pobre
El problema de la ancianidad se agrava cuando además de viejo se es pobre. Ángel es otro ejemplo de ello. De joven, los frutos cotidianos del trabajo esforzado se desvanecían cada día en el vapor de la olla. Hoy lo mismo sucede con la magra jubilación que recibe. Además, sufre el grave problema de la falta de vivienda, de abrigo, de compañía… Ángel, como tantos otros viejitos solos y pobres, está olvidado por las autoridades municipales; tirado allí, en Las Canaletas, al borde del río, sin que a nadie le importe si las heladas le retumban en los huesos.
Vejez, autonomía, encierro
“El envejecimiento es un proceso dinámico, gradual e inevitable, que se desarrolla en los aspectos biológicos, psíquicos y sociales de los sujetos y que está estructurado en torno al tiempo. El envejecimiento es una etapa más del ciclo vital. No es un estado patológico”, afirma la Trabajadora Social Graciela Walter, al referirse sobre el problema de la vejez, la autonomía y la subjetividad.
La internación en geriátricos contra la propia voluntad es un ejercicio de privación de la autonomía, marca el fin de la independencia personal. En muchos lugares del país existe una tendencia creciente a evitar el encierro institucionalizado, para dar lugar a un proceso que tenga en cuenta las propias prácticas de los adultos mayores, acentuando aquellas cuestiones donde se haga necesaria la presencia profesional. Esto implica, en muchos casos, la creación de centros de día, donde los adultos mayores pueden desarrollar junto a sus pares una serie de actividades propuestas por ellos mismos que generan, posibilitan, facilitan reencontrar el lugar que merecen en la sociedad.
Existen otras experiencias para casos como los de Ángel, donde los adultos mayores que no tiene casa pueden ir libremente a dormir y comer, pero con la libertad de ejercer la ciudadanía plena ocupando los espacios públicos que así deseen. El poeta de Las Canaletas es muy claro al respecto: “Yo soy pescador, no quiero irme de al lado del río”. Y se nota sin esfuerzo que perdiendo el río, él pierde las ganas de seguir viviendo.
Políticas de ancianidad
En la actualidad, las políticas de ancianidad del gobierno municipal brillan por su ausencia. A la histórica relación distante con las asociaciones de jubilados, se suma la ausencia de espacios públicos de esparcimiento que los contemple como habitantes de la ciudad, de espacios de desarrollo cultural y artístico, de encuentro… en fin, ausencia total de espacios para que los adultos mayores no se convenzan ellos mismos de que sobran en la sociedad y que su mejor lugar es el encierro.
No hay políticas de ancianidad que tiendan al desarrollo de esta etapa de la vida como una más. Muy por el contrario, la política social hacia los adultos mayores sigue el mismo patrón que para los otros sectores vulnerables de la sociedad: que no se vean, quedan feos, mejor bajo la alfombra, y si están encerrados, mejor aún.
“Las diferencias de clase que nos separan son tan crueles e injustas como los alambres de púas de un campo de concentración. Igual que los campos de concentración, envilecen a ambos lados de la alambrada”.
Horacio Verbitsky