El basural en casa
Una familia que vive sobre la barranca en la calle Fray Cayetano Rodríguez tiene desde hace un tiempo un basural al costado de su casa, en un zanjón que se formó en un sector de la barranca que autoridades municipales prometieron transformar en calle.
Los días de lluvia, la barranca sigue desmoronándose, aumentando el riesgo de la familia de que su propia casa pase a formar parte de las putrefacciones del basural con el que conviven a diario. Las respuestas de la Secretaría de Obras Públicas ante el reclamo de la familia fueron promesas que aún no se han cumplido. Mientras tanto, el peligro de derrumbe y el foco de enfermedades siguen en aumento.
La hermosa barranca sampedrina aún no ha visto embellecer el sector que va desde la Avenida 11 de septiembre hacia el otro lado del mundo, hacia el sector de la ciudad oculta. Allí, en la intersección de Fray Cayetano Rodríguez y Fray Luis del Pozo vive Ana Olivera con su madre, su hijo de dieciséis años y dos nietos pequeños. Su patio da a la barranca, a un caminito que lleva a la Cooperativa Las Canaletas, en el bajo. Al costado de ese caminito hay un enorme zanjón que comienza al lado de la casa de Ana y sigue hasta una casa que está sobre la Avenida Costanera que no será Avenida del Centenario porque, también, está más allá de la 11 de septiembre, muro virtual del San Pedro dividido.
Al zanjón desaguan las calles cuando llueve, por lo que a medida que pasa el tiempo la erosión lo va haciendo cada vez más y más grande. Desde la construcción de las 49 viviendas, el zanjón se convirtió en el basural del barrio. Ana Olivera convive en su patio con cientos de bolsas con pañales, restos de comida, cajas de vino blanco, botellas, hasta perros muertos. Por supuesto, desde no hace mucho, Ana convive también con cirujas que van allí en busca del pan diario. Asegura esta vecina que el zanjón también cobija aventuras nocturnas, fogones, hasta elementos robados que son depositados allí en plan descarte.
Ana Olivera se acercó ya dos veces a la Secretaría de Obras Públicas. Fue allí porque en una oportunidad el propio Bennazar le había dicho que no se preocupara por el zanjón, pues se convertiría en una bajada que continuaría la calle Fray del Pozo hasta la costa. En la primera oportunidad, personal de la Secretaría tomó el reclamo de la vecina en una oficina: “Me dijeron que iban a venir a investigar y que si estaba en zona de riesgo iban a tomar una medida, pero no vinieron”, informó a Implosión web la vecina. Cuando Ana volvió a Obras Públicas a reclamar, el mismo funcionario que la atendió se sorprendió que sus subordinados no hubiesen ido a “investigar”, y le prometió que irían con urgencia. Eso fue hace más de un mes y aún nadie se acercó a ver la situación en la que se encuentran estos vecinos.
¿Otra cruz?
Dicen los pasillos que el plan de embellecer la barranca para el lado de la ciudad oculta empezará pronto a realizarse. Nota de ello dan las luminarias nuevas, que sólo fueron puestas en Fray Cayetano Rodríguez, y las declaraciones públicas sobre los miradores que pondrán en la zona. Hay quienes afirman que se espera que pronto se erradique a las familias que viven sobre la barranca, con la misma excusa que se erradicó la zona de La Cruz, el desmoronamiento, la zona de riesgo, aunque con proyecciones turísticas que abonarán bolsillos que no son los de las arcas públicas.
Resulta extraño que aún Ana Olivera no haya obtenido respuesta a sus reclamos. Está en una zona privilegiada de la barranca, aunque si la cresta se sigue comiendo pronto se derrumbará. Además, está pegada a lo que, según la propia Ana, Bennazar dijo será una calle. La preocupación vendrá por el lado de los habitantes de la costa que interrumpirían el paso de la calle nada menos que con su casa. Más aún teniendo en cuenta que los vecinos del barrio Las Canaletas están luchando hace tiempo por obtener sus escrituras. De todas maneras, el basural sigue aumentando, no extrañamente, en la zona donde la población más vulnerable aumenta por puras decisiones políticas.
Fotos: Yanina Muratore