¿Todos somos la patria sojera?
Como el gobierno no quiso retrotraer las retenciones, las entidades que nuclean a productores agropecuarios grandes, medianos y pequeños, volvieron con las medidas de fuerza. Antes de la mesa de negociación reclamaban “políticas agropecuarias” para todos; ahora sólo tienen en mira el tema retenciones, sobre todo de soja, la gran fiesta que destroza las estructuras productivas históricas. Aquí, nuestro columnista de ecología y medio ambiente reflexiona acerca de lo que se defiende contra las retenciones. Tras la columna, una entrevista con Jorge Rulli, del Grupo de Reflexión Rural.
Ante todo, la tierra es un bien común de todos los argentinos. Entonces ¿qué defendemos? El modelo de agronegocios basado en la soja, que desalojó en estos últimos diez años a 300.000 familias de campesinos pobres, trabajadores rurales, que fueron a engrosar los barrios humildes, las villas y asentamientos alrededor de las ciudades. San Pedro no está exenta: en Río Tala hay barrios de chaqueños, santiagueños, etc. Se desmontaron 1.108.000 (un millón ciento ocho mil) hectáreas de bosques, 277.000 por año, 760 por día, 32 hectáreas por hora. Este modelo agropecuario basado en la exportación y producción intensiva produce mayor concentración. Por ejemplo, el 10% de los productores concentra el 78% de las tierras y el 60% de los productores pequeños se reparten el 5% de la superficie cultivada del país. Desocupación y cáncer El monocultivismo es causa de innumerables pérdidas de puestos de trabajo y de un gigantesco desplazamiento de la población rural hacia los suburbios de la pobreza en las grandes urbes. La ganadería fue desplazada por la soja hacia zonas marginales y bajos inundables o, lo que es peor, a los corrales de engorde (feedlots), donde en vez de alimentarse con pasturas el ganado es engordado con granos, especialmente soja, con adiciones de antibióticos y hormonas. Los empresarios sojeros han hecho desaparecer los alambrados, los bebederos y los molinos de los que bebía la hacienda. El modelo sojero tiene un solo motor, y es la disminución de costos y la creciente ganancia a expensas de los recursos naturales. También han hecho desaparecer los cinturones verdes de las grandes y pequeñas ciudades. Cinturones constituidos por tambos, criaderos de pollos, chacras y quintas de verduras que además de contribuir a la alimentación local, oficiaban de atenuante de los impactos propios de la gran agricultura. Un ejemplo cercano lo vemos en Gobernador Castro, donde el modelo sojero ha provocado el doloroso desmonte de los frutales que siempre caracterizaron la economía local. Ahora la soja llega a las primeras calles de los pueblos, de manera que las fumigaciones con glifosato, 24D, parquat y endosulfan impactan directamente sobre las poblaciones con el resultado de innumerables casos de cáncer y malformaciones. En muchos pequeños pueblos rodeados por el desierto verde de la soja, los aviones fumigadores ni siquiera dejan de hacer su trabajo sobre la zona urbana, sometiendo a los pobladores a impactos directos de terribles consecuencias. Nuestro país se va convirtiendo en una republiqueta forrajera. 163 millones de litros de glifosato fueron arrojados entre los grandes productores y los pequeños en el último año. En esas zonas casi no hay familia que no tenga un miembro con cáncer, y cada vez son más los niños con alergias y problemas bronquiales. Los verdaderos enemigos Las empresas, los pooles de siembra y compañías con mayor rentabilidad en el negocio sojero, exportadores y proveedores de insumos, Monsanto, Dreyfus, Dupont, Bunge, Bayer, Nidera, Cargill, AGD, entre otras, no fueron cuestionados en el reciente conflicto por las entidades del campo o el gobierno mismo. Explotación En el campo trabajan alrededor de 1.300.000 personas. Los sueldos rondan los $ 1.250. Padecen las peores condiciones de trabajo, lejos los más explotados. Aún se les paga con comida y cerca del 75% está en negro, sin contrato ni cobertura médica, ni aportes jubilatorios. La diferencia Durante el “paro” se utilizó al pequeño productor como punta de lanza. Sus campos son alquilados a unos $ 200 por hectárea aproximadamente, unos $ 240.000 al año. La industria del agronegocio tiene como objetivo avanzar sobre 4 millones de hectáreas, o sea que avanzarían sobre las tierras de los pequeños productores, indígenas y chacareros, bosques… el negocio del biocombustible a la vista. Es mentira que ellos tengan patria. Sólo aprecian los dólares y los euros. _________________________________________________________________________________________________ ENTREVISTA A JORGE RULLI “Toda soja es transgénica” Hace un año visitó San Pedro Jorge Rulli, fundador del Grupo de Reflexión Rural y conductor de Horizonte Sur, por Radio Nacional. Aquella vez, publicamos en la edición impresa de Implosión esta entrevista, donde relata la campaña Paren de fumigar, para la concientización sobre las enfermedades que derivan del monocultivo de soja y los agrotóxicos, los problemas de la sojización y el imperio sojero.
Jorge Eduardo Rulli es un militante de larga data. En los años 50 se hace peronista, fundando junto a otros jóvenes, en el ’57, lo que sería la gloriosa JOTAPE. En los ‘60, durante la dictadura de Onganía, fue detenido y torturado atrozmente. Al ser liberado viaja a Cuba para recuperarse y estudiar el proceso histórico y revolucionario de la isla, experiencia que replica en China. En los ‘70 forma parte de la Fuerzas Armadas Peronistas. Luego del golpe del ‘76 y tras sufrir sempiternos encarcelamientos se exilia en España y luego en Suecia. Hoy es sumamente crítico con aquellas estrategias de lucha de la Resistencia de los 70. Por intuición más que por desarrollo intelectual, según él mismo afirma, sus banderas hoy son otras. Reivindica la No violencia, las producciones de autoconsumo y la revalorización de la vida campesina, en un marco en el que se propicie la soberanía alimentaria a partir de la diversidad de cultivos orgánicos y del desarrollo de los mercados locales. Esgrime que hoy ya no puede escindirse lo social de lo ecológico, pues mantener la vida en el planeta es el imperativo prioritario. Asignándoles el valor político a los alimentos para “producir comida y no forrajes o biodiesel”, su resistencia es hacia el modelo agroeconómico que impone cultivos (o monocultivos) transgénicos en desmedro de la diversidad, los montes nativos, los pequeños productores, los tambos, y un enfoque no colonial del trabajo de la tierra americana. Para dar debate y oposición al modelo agroexportador hegemónico fundó a finales de los ’90 el Grupo de Reflexión Rural, que tiene desde hace varios años un espacio en Radio Nacional, llamado Horizonte Sur, los domingos de 11.00 a 11.50. Claro que, como afirma, plantear ese otro modelo alternativo en armonía con la naturaleza requiere de otro modelo de democracia. Es por esto que la lucha no dejará nunca de ser política, pues además, como sabemos, el germen de los males agrosocioeconómicos actuales procede directamente de aquellos años oscuros. - Contanos qué te trae esta vez a nuestra zona - En esta oportunidad vine a presentar la campaña Paren de Fumigar, que está entrando ya en el segundo año y que hacemos a nivel nacional por el daño que están causando a las poblaciones los agroquímicos de la soja transgénica, que mucha gente cree que son remedios y en realidad son tóxicos que están afectando mucho a la población, deprimiendo el sistema inmunitario, provocando problemas culturales exponsorios, de piel... Los aviones que fumigan no deberían acercarse a menos de dos km. de la ciudades pero no cumplen la ley y las autoridades no la hacen cumplir. La ley de agroquímicos de la Pcia. de Bs. As. es la 10.699 y prohíbe que los “mosquitos” (vehículos fumigadores con la forma de ese insecto) circulen dentro de las ciudades, y las sobrevuelen aun con los tanques vacíos. Por eso estamos tratando de que en cada pueblo se organicen grupos de vecinos autoconvocados para denunciar estas situaciones y presentar denuncias a los fiscales y a los jueces, creemos que el camino es el Código Penal y lo estamos poniendo en práctica en la Pcia. de Entre Ríos, donde han muerto varios niños y hemos iniciado una causa penal con el juez correspondiente y el respaldo de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación. -¿Toda la soja es transgénica? - Toda la soja es transgénica, por lo que no tendría sentido no fumigarla, porque es una soja que ha sido manipulada genéticamente para ser acompañada por agrotóxicos, fundamentalmente el roundap, pero también plaguicidas, insecticidas, tóxicos contra caracoles, bichos bolita, fungicidas contra la roya. Es muy difícil saber qué es lo que están arrojando, porque no se cumplen las leyes que exigen la identificación de la carga, la credencial para el que conduce... En muchos pequeños pueblos ocurre por ejemplo que el conductor del mosquito con el tanque lleno no tiene ningún empacho en ir a buscar los chicos a la escuela o en diluir la carga de tóxicos en la toma de agua del pueblo, como en Santa Anita, Entre Ríos. Existe un desorden generalizado, una enorme impunidad, una enorme despreocupación por la salud de la población, y esto es lo que estamos denunciando. - ¿Cuál es el panorama actual de la expansión de la soja? - Por parte de la clase política es muy difícil que se contenga esta expansión de la soja, porque es el negocio de ellos, además ahora la van a utilizar no sólo para forraje de los animales de Europa y de China sino que están proponiendo como política de Estado la producción de biocombustibles. Estos, que mejor sería llamarlos agrocombustibles, se van a hacer fundamentalmente con soja y con maíz, provocando una mayor expansión de estos cultivos industriales que han arrasado ya con 25.000 o 30.000 tambos, que han barrido con los pequeños productores del campo, han despoblado del campo a la población rural y, además, han prácticamente terminado con los bosques nativos. - ¿Podés explicar la relación soja transgénica - agrotóxicos? - Hay un herbicida que se llama Roundap, que contiene glifosato, y ese herbicida era de Monsanto (corporación trasnacional, que domina el mercado mundial de alimentos) y tenía esta patente del herbicida con el que no sabía qué hacer. Lo que lograron es buscar plantas que lo resistían y ese gen de resistencia o tolerancia al herbicida se lo incorporaron a la soja. Por eso se venden juntos como parte de un paquete. Entonces, en realidad no sería posible sembrar soja sin los agrotóxicos. Lo que tendríamos que hacer es cambiar de cultivos. Producir cultivos para la mesa de los argentinos, lo que comíamos siempre. San Pedro, por ejemplo, era la zona del maíz de guinea, los montes frutales, incluso de la arveja, la papa y la batata. El problema es que impera un modelo agroexportador y el mercado interno no interesa, no está en consideración. Lo único que se considera es el mercado exterior. Para esto necesitamos un proyecto de país que atienda de nuevo las necesidades de la gente y no a las del mercado internacional. Estamos siendo sacrificados en aras de los grandes mercados globales, que fijan el precio a los granos, que se les llama comoditties porque no tienen ningún valor agregado. Aquí hay mucho discurso anti-imperialista, mucha retórica contra Bush, pero de las corporaciones no se habla nunca. Es una gravísima carencia de la izquierda de quedarse en visiones antiguas, el pensamiento concreto de los 70, enfatizando la lucha contra el imperialismo, despreocupado de las corporaciones, que son el verdadero problema de la globalización - ¿Cómo se constituye localmente el imperio sojero? - El mayor sojero de la Argentina es Guillermo Grobocopatel, cuya empresa, Los Grobo, tiene base en Carlos Casares, quien arguye que no tiene campos propios, que son sin tierra -se equipara con los Sin Tierra del Brasil- e intenta tener un discurso progresista y de izquierda. Es un hombre que inicia su fortuna con la dictadura militar, y hoy día está ocupando unas 700.000 hectáreas por arrendamiento, es el más grande pool de siembra del país. Un pool de siembra es una empresa que arrienda campos para plantar soja, con la maquinaria, equipos de hombres, los silos para concentrar, convirtiendo al antiguo productor, dueño de tierras, en un rentista, que vive en la ciudad y ya no trabaja el campo ni es dueño de sus semillas, pero sí tiene mucho poder adquisitivo. - ¿Qué propone el Grupo de Reflexión Rural? - Lo que proponemos es la resistencia a este a modelo, a ir construyendo otro modelos a partir de lo pequeño y lo local, la única manera de resistir a estos procesos ligados a los mercados internacionales es desde lo local y desde lo pequeño: huertas para abastecimiento ligadas a los mercados locales, como en la ciudad de Rosario, donde los piqueteros han desarrollado huertas de verduras orgánicas y las venden en la plaza a los sectores de clase media que se las sacan de las manos, porque es verdura fresca y sana, pero también las huertas familiares de autoabastecimiento, reciclar la basura para mejorar el suelo, y sobre todo estamos enseñándole a la gente que aprendan a hacer setos verdes como había antes, que pueden ser barreras de árboles o setos hechos con ligustro con cañas para detener la deriva de los tóxicos de las fumigaciones sobre las viviendas y los niños. En muchos pueblos de las provincias la gente vive encerrada en sus casas porque el aire está contaminado, y la gente va cronificando las enfermedades y se automedica. Esto es el resultado del enriquecimiento de una minería que no solo produce deterioro en la salud de la gente sino también devastación en el medio ambiente. Gran parte de la soja se procesa como harina y se vende como balanceado, otra parte se procesa como aceite, todo se vende a Europa y a China, otra parte se vende como grano para que China se produzca el aceite. Y como subproducto la lecitina de soja, una especie de manteca, que se utiliza para engordar y abaratar los alimentos que nosotros consumimos, y queda la torta de soja que sirve para forraje.