Casi tres meses de conflicto entre productores agropecuarios y gobierno nacional. Conflicto que se decía por políticas agropecuarias en general y mostró su costado bien sojero. Conflicto político que podría inaugurar un nuevo actor: el Partido Agrario Nacional, el nuevo PAN como alternativa al kirchnerismo. La concentración oligopólica y la sojización. Gorilas y contreras.
El lockout empresarial que los productores agropecuarios realizaron tras el anuncio del régimen de retenciones móviles a la exportación de soja, maíz y girasol del 11 de marzo pasado, hizo un esfuerzo enorme por poner sobre la mesa de la opinión pública que el problema no era sólo el nuevo régimen de retenciones, sino que esto era la gota que colmaba el vaso de sufrimiento de los pequeños y medianos productores, quienes no se beneficiaban con la sojización de las tierras del país, sino que muy por el contrario, veían cómo esa sojización destruía la estructura clásica, que por ejemplo en San Pedro, Bs. As., -uno de los lugares donde la protesta más arraigó y donde este cronista nació y vive buena parte de la semana- se expresaba en frutas de carozo y cítricos.
Entonces, se cortaron las rutas y se puso en peligro el abastecimiento de alimentos de la población para llamar la atención de un gobierno que no desarrollaba políticas públicas tendientes a modificar la estructura de concentración de la economía agraria en pocas manos.
Extraño resultaba que, si la cosa era así como acaba de ser relatada, la Sociedad Rural y CARBAP acompañaran una protesta que los perjudicaría: ellos son los grandes productores.
Otra lectura pudo hacerse: la protesta es por las retenciones. Esto es, el Estado retenía un porcentaje de las ganancias de los productores de soja, maíz y girasol; de los grandotes, de los medio pelo, de los pequeñitos, en fin, de todo aquel que sembrara esas oleaginosas. Especialmente de los de soja, pues ante las consecuencias del menemismo, los precios internacionales de las commoditties, el “gran descubrimiento” de Monsanto -que inventó una semilla resistente a su Roundup, la regaló durante un lustro y luego la patentó- , el modelo económico de dólar alto, y, sí, la sojización de la producción agrícola nacional, muchos productores arrancaron de raíz la estructura productiva existente y se enrolaron en la plata fácil y dulce de la soja. Las nuevas retenciones tocan esas ganancias, y, ya se sabe, al dueño de los medios de producción no le gusta que se les imponga repartir sus ganancias.
Tras la tregua, el armisticio que cedieron los productores agropecuarios, la mesa de negociaciones se convirtió en el tema del ágora mediática. Muchos cronistas se han expresado acerca de lo tortuoso que es negociar ante la tribuna expectante, pues se tiende a enunciar en función de la tribuna, interpelándola a ella en lugar de a quien se tiene en frente.
La negociación suponía que los dos actores en cuestión, el gobierno -representante de las mayorías que lo votaron, y jefe del Estado que somos todos- por un lado, y los dirigentes ruralistas, emblocados en una mesa de enlace donde confluían Federación Agraria -antaño adalides de la lucha por la tierra y la reforma agraria, hoy expulsores a palazo limpio de los campesinos sin escritura en Santiago del Estero- con la Sociedad Rural Argentina, líderes históricos de la derecha conservadora argentina, herederos de Julio A. Roca y Alfredo Martínez de Hoz. La mesa de enlace, se suponía, representaba los intereses de todos los productores agropecuarios, hasta que apareció un exaltado con verba de payador en Entre Ríos que les resultó pintoresco y auspicioso para ganar audiencia a los medios comerciales de comunicación masiva.
Luego la protesta volvió. Ahora ya no se cortaron rutas porque la medida desgasta la opinión pública, que se banca esas cosas por un rato, pero no muy largo, y se decidió impedir la embarcación de granos para la exportación, aduciendo que así el gobierno sentirá la estocada en la caja fiscal, pues si no hay exportación, no hay recaudación por retenciones. Es probable que Bunge, Dreyfus, Cargill, Grobo y el kirchnerista Urquía, dueño de Aceitera General Dehesa (AGD) y del pueblo homónimo, se estén riendo mirando por tele en su plasma de cincuenta pulgadas cómo el inefable hijo de ganaderos terratenientes y ahora empleado de la SRA Raúl Victores -sampedrino, como quien escribe estas líneas- le pellizca el culo a un maniquí en la ruta y para la tele.
PANegírico
El 25 de mayo se pusieron la escarapela de soja y en el monumento a la bandera de Rosario hicieron un acto multitudinario que no reunió a todos los que son pero tampoco estuvo muy lejos: hubo unas 250.000 personas, podrían haber sido 500.000, pero no mucho más. Puede haber, al menos, dos lecturas sobre el fenómeno multitudinario del soleado domingo patrio: no habiendo una oposición digna de ostentar ese título, aquellos que no comulgan en absoluto con el kirchnerismo encontraron un espacio de expresión de su malestar, sus deseos y sus posicionamientos, aunque no crean demasiado en las posibilidades políticas del movimiento campestre, como bien los llamó Grunner, y no estén más que gritando desde la tribuna, como siempre -y ya se sabe: el de la tribuna siempre tiene razón. Por otro lado, tanta gente puede empujar a los representantes del sector de los agronegocios a recuperar el instrumento que abandonaron después de que en 1912 al viejo Sáenz Peña se le ocurriera que las elecciones podían ser algo de lo que participaran más o menos todos: la política. Incluso pueden recuperar para sí la vieja sigla PAN, y ser el Partido Agrario Nacional.
No estaría mal, este cronista considera que en una democracia liberal representativa las movilizaciones coadyuvan a su mejor funcionamiento y permiten que no se la reduzca a mero ejercicio dominical cada dos años. También cree que el sueño de la democracia participativa será posible cuando esta que tenemos madure. Y también sabe que en la construcción política post peronista, quien no moviliza no existe y quien moviliza puede empezar a soñar. Los productores agropecuarios pueden empezar a soñar entonces con liderar un movimiento político, conformar el nuevo PAN, ganar elecciones, diseñar y ejecutar políticas públicas que consideren mejor para el país. Me suena ya el lema: PAN y Soja. Habrá que ver si logran algo más que una intendencia en el sojero sur de Santa Fe.
Otras puntitas
Queden para otra oportunidad las cuestiones en torno a por qué las negociaciones campo/gobierno no prosperan. Vaya como pequeña punta que donde el juego es de suma cero difícil será negociar cualquier cosa. Permítase también decir que un sector no puede tener el mismo grado de institucionalidad que un gobierno. El diálogo no es de igual a igual, y mucho menos puede ser fructífero cuando el sector del lado del menos en esa relación disimétrica grita que o le dan lo que pide o no hay trato. Quede para otra vez también la disputa entre quienes creen que el Estado puede y debe intervenir en la economía y socializar las rentas extraordinarias y quienes sostienen que el mercado regula solito.
Sojipolio gorilin
La protesta volvió sin esconder lo que se olía desde un principio: el problema no es la política agropecuaria que beneficia a unos pocos y reproduce la concentración oligopólica que se da en otros ámbitos de la economía nacional. No. Lo que se discute es que las retenciones impiden soñar con ser Los Grobo al resto de los productores. Y entonces, a todo aquél que sueña con que un día será lo que la tele promete, le da por poner el cartel en la vidriera de su negocio: “Estoy con el campo”. Distribuir la riqueza implica tocar intereses económicos, y tocárselos a quienes más tienen. Eso está claro, y los que protestan por sus ganancias lo tienen bien claro.
Si al kirchnerismo se le ocurrió recién ahora que la sojización acarrea consecuencias terribles, bienvenido sea. Más vale tarde que nunca. El discurso de la distribución de la riqueza deberá ser puesto en ejercicio, y nos impele a todos a hacérselos cumplir. El camino que dicen querer recorrer está por delante y es muy largo. El movimiento campestre quiere no recorrerlo. Habrá quienes consideren que al kirchnerismo hay que empujarlo para que no se vuelva solito al punto de partida. Un punto de partida que habrá que reconocer como logro. Póngale las causas que más guste: contexto internacional, necesidad histórica, casualidad ineludible. Pero no deje de reconocer que esto no es el menemismo ni 2001. El gobierno kirchnerista, que no rompió con la concentración oligopólica y que contribuyó en muchos casos a exacerbarla, es el mismo que puede mostrar índices de crecimiento y desarrollo mínimos pero insoslayables. El techo está muy lejos, pero el piso es innegable.
Por eso vale recordar a Viñas: se puede ser contrera, sí, pero nunca gorila. El gorila desprecia a ese otro que es distinto pero puede querer parecerse. Vayan dos ejemplos elocuentes: una anciana me contaba que siendo mucama cama adentro en una casa bian en Capital tuvo que devolver las pantuflas que con mucho esfuerzo ahorrativo se había comprado, pues su señora tenía las mismas y la obligó a deshacerse de ellas; el otro: en una radio FM de Rosario escuché a un conductor de apellido Polino o Polini, o algo así, decir ante la pregunta si era peronista o qué: “Peronista, no. Yo tuve la posibilidad de educarme”.
Como el gobierno no quiso retrotraer las retenciones, las entidades que nuclean a productores agropecuarios grandes, medianos y pequeños, volvieron con las medidas de fuerza. Antes de la mesa de negociación reclamaban “políticas agropecuarias” para todos; ahora sólo tienen en mira el tema retenciones, sobre todo de soja, la gran fiesta que destroza las estructuras productivas históricas. Aquí, nuestro columnista de ecología y medio ambiente reflexiona acerca de lo que se defiende contra las retenciones. Tras la columna, una entrevista con Jorge Rulli, del Grupo de Reflexión Rural.
Ante todo, la tierra es un bien común de todos los argentinos. Entonces ¿qué defendemos? El modelo de agronegocios basado en la soja, que desalojó en estos últimos diez años a 300.000 familias de campesinos pobres, trabajadores rurales, que fueron a engrosar los barrios humildes, las villas y asentamientos alrededor de las ciudades. San Pedro no está exenta: en Río Tala hay barrios de chaqueños, santiagueños, etc. Se desmontaron 1.108.000 (un millón ciento ocho mil) hectáreas de bosques, 277.000 por año, 760 por día, 32 hectáreas por hora. Este modelo agropecuario basado en la exportación y producción intensiva produce mayor concentración. Por ejemplo, el 10% de los productores concentra el 78% de las tierras y el 60% de los productores pequeños se reparten el 5% de la superficie cultivada del país. Desocupación y cáncer El monocultivismo es causa de innumerables pérdidas de puestos de trabajo y de un gigantesco desplazamiento de la población rural hacia los suburbios de la pobreza en las grandes urbes. La ganadería fue desplazada por la soja hacia zonas marginales y bajos inundables o, lo que es peor, a los corrales de engorde (feedlots), donde en vez de alimentarse con pasturas el ganado es engordado con granos, especialmente soja, con adiciones de antibióticos y hormonas. Los empresarios sojeros han hecho desaparecer los alambrados, los bebederos y los molinos de los que bebía la hacienda. El modelo sojero tiene un solo motor, y es la disminución de costos y la creciente ganancia a expensas de los recursos naturales. También han hecho desaparecer los cinturones verdes de las grandes y pequeñas ciudades. Cinturones constituidos por tambos, criaderos de pollos, chacras y quintas de verduras que además de contribuir a la alimentación local, oficiaban de atenuante de los impactos propios de la gran agricultura. Un ejemplo cercano lo vemos en Gobernador Castro, donde el modelo sojero ha provocado el doloroso desmonte de los frutales que siempre caracterizaron la economía local. Ahora la soja llega a las primeras calles de los pueblos, de manera que las fumigaciones con glifosato, 24D, parquat y endosulfan impactan directamente sobre las poblaciones con el resultado de innumerables casos de cáncer y malformaciones. En muchos pequeños pueblos rodeados por el desierto verde de la soja, los aviones fumigadores ni siquiera dejan de hacer su trabajo sobre la zona urbana, sometiendo a los pobladores a impactos directos de terribles consecuencias. Nuestro país se va convirtiendo en una republiqueta forrajera. 163 millones de litros de glifosato fueron arrojados entre los grandes productores y los pequeños en el último año. En esas zonas casi no hay familia que no tenga un miembro con cáncer, y cada vez son más los niños con alergias y problemas bronquiales. Los verdaderos enemigos Las empresas, los pooles de siembra y compañías con mayor rentabilidad en el negocio sojero, exportadores y proveedores de insumos, Monsanto, Dreyfus, Dupont, Bunge, Bayer, Nidera, Cargill, AGD, entre otras, no fueron cuestionados en el reciente conflicto por las entidades del campo o el gobierno mismo. Explotación En el campo trabajan alrededor de 1.300.000 personas. Los sueldos rondan los $ 1.250. Padecen las peores condiciones de trabajo, lejos los más explotados. Aún se les paga con comida y cerca del 75% está en negro, sin contrato ni cobertura médica, ni aportes jubilatorios. La diferencia Durante el “paro” se utilizó al pequeño productor como punta de lanza. Sus campos son alquilados a unos $ 200 por hectárea aproximadamente, unos $ 240.000 al año. La industria del agronegocio tiene como objetivo avanzar sobre 4 millones de hectáreas, o sea que avanzarían sobre las tierras de los pequeños productores, indígenas y chacareros, bosques… el negocio del biocombustible a la vista. Es mentira que ellos tengan patria. Sólo aprecian los dólares y los euros. _________________________________________________________________________________________________ ENTREVISTA A JORGE RULLI “Toda soja es transgénica” Hace un año visitó San Pedro Jorge Rulli, fundador del Grupo de Reflexión Rural y conductor de Horizonte Sur, por Radio Nacional. Aquella vez, publicamos en la edición impresa de Implosión esta entrevista, donde relata la campaña Paren de fumigar, para la concientización sobre las enfermedades que derivan del monocultivo de soja y los agrotóxicos, los problemas de la sojización y el imperio sojero.
Jorge Eduardo Rulli es un militante de larga data. En los años 50 se hace peronista, fundando junto a otros jóvenes, en el ’57, lo que sería la gloriosa JOTAPE. En los ‘60, durante la dictadura de Onganía, fue detenido y torturado atrozmente. Al ser liberado viaja a Cuba para recuperarse y estudiar el proceso histórico y revolucionario de la isla, experiencia que replica en China. En los ‘70 forma parte de la Fuerzas Armadas Peronistas. Luego del golpe del ‘76 y tras sufrir sempiternos encarcelamientos se exilia en España y luego en Suecia. Hoy es sumamente crítico con aquellas estrategias de lucha de la Resistencia de los 70. Por intuición más que por desarrollo intelectual, según él mismo afirma, sus banderas hoy son otras. Reivindica la No violencia, las producciones de autoconsumo y la revalorización de la vida campesina, en un marco en el que se propicie la soberanía alimentaria a partir de la diversidad de cultivos orgánicos y del desarrollo de los mercados locales. Esgrime que hoy ya no puede escindirse lo social de lo ecológico, pues mantener la vida en el planeta es el imperativo prioritario. Asignándoles el valor político a los alimentos para “producir comida y no forrajes o biodiesel”, su resistencia es hacia el modelo agroeconómico que impone cultivos (o monocultivos) transgénicos en desmedro de la diversidad, los montes nativos, los pequeños productores, los tambos, y un enfoque no colonial del trabajo de la tierra americana. Para dar debate y oposición al modelo agroexportador hegemónico fundó a finales de los ’90 el Grupo de Reflexión Rural, que tiene desde hace varios años un espacio en Radio Nacional, llamado Horizonte Sur, los domingos de 11.00 a 11.50. Claro que, como afirma, plantear ese otro modelo alternativo en armonía con la naturaleza requiere de otro modelo de democracia. Es por esto que la lucha no dejará nunca de ser política, pues además, como sabemos, el germen de los males agrosocioeconómicos actuales procede directamente de aquellos años oscuros. - Contanos qué te trae esta vez a nuestra zona - En esta oportunidad vine a presentar la campaña Paren de Fumigar, que está entrando ya en el segundo año y que hacemos a nivel nacional por el daño que están causando a las poblaciones los agroquímicos de la soja transgénica, que mucha gente cree que son remedios y en realidad son tóxicos que están afectando mucho a la población, deprimiendo el sistema inmunitario, provocando problemas culturales exponsorios, de piel... Los aviones que fumigan no deberían acercarse a menos de dos km. de la ciudades pero no cumplen la ley y las autoridades no la hacen cumplir. La ley de agroquímicos de la Pcia. de Bs. As. es la 10.699 y prohíbe que los “mosquitos” (vehículos fumigadores con la forma de ese insecto) circulen dentro de las ciudades, y las sobrevuelen aun con los tanques vacíos. Por eso estamos tratando de que en cada pueblo se organicen grupos de vecinos autoconvocados para denunciar estas situaciones y presentar denuncias a los fiscales y a los jueces, creemos que el camino es el Código Penal y lo estamos poniendo en práctica en la Pcia. de Entre Ríos, donde han muerto varios niños y hemos iniciado una causa penal con el juez correspondiente y el respaldo de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación. -¿Toda la soja es transgénica? - Toda la soja es transgénica, por lo que no tendría sentido no fumigarla, porque es una soja que ha sido manipulada genéticamente para ser acompañada por agrotóxicos, fundamentalmente el roundap, pero también plaguicidas, insecticidas, tóxicos contra caracoles, bichos bolita, fungicidas contra la roya. Es muy difícil saber qué es lo que están arrojando, porque no se cumplen las leyes que exigen la identificación de la carga, la credencial para el que conduce... En muchos pequeños pueblos ocurre por ejemplo que el conductor del mosquito con el tanque lleno no tiene ningún empacho en ir a buscar los chicos a la escuela o en diluir la carga de tóxicos en la toma de agua del pueblo, como en Santa Anita, Entre Ríos. Existe un desorden generalizado, una enorme impunidad, una enorme despreocupación por la salud de la población, y esto es lo que estamos denunciando. - ¿Cuál es el panorama actual de la expansión de la soja? - Por parte de la clase política es muy difícil que se contenga esta expansión de la soja, porque es el negocio de ellos, además ahora la van a utilizar no sólo para forraje de los animales de Europa y de China sino que están proponiendo como política de Estado la producción de biocombustibles. Estos, que mejor sería llamarlos agrocombustibles, se van a hacer fundamentalmente con soja y con maíz, provocando una mayor expansión de estos cultivos industriales que han arrasado ya con 25.000 o 30.000 tambos, que han barrido con los pequeños productores del campo, han despoblado del campo a la población rural y, además, han prácticamente terminado con los bosques nativos. - ¿Podés explicar la relación soja transgénica - agrotóxicos? - Hay un herbicida que se llama Roundap, que contiene glifosato, y ese herbicida era de Monsanto (corporación trasnacional, que domina el mercado mundial de alimentos) y tenía esta patente del herbicida con el que no sabía qué hacer. Lo que lograron es buscar plantas que lo resistían y ese gen de resistencia o tolerancia al herbicida se lo incorporaron a la soja. Por eso se venden juntos como parte de un paquete. Entonces, en realidad no sería posible sembrar soja sin los agrotóxicos. Lo que tendríamos que hacer es cambiar de cultivos. Producir cultivos para la mesa de los argentinos, lo que comíamos siempre. San Pedro, por ejemplo, era la zona del maíz de guinea, los montes frutales, incluso de la arveja, la papa y la batata. El problema es que impera un modelo agroexportador y el mercado interno no interesa, no está en consideración. Lo único que se considera es el mercado exterior. Para esto necesitamos un proyecto de país que atienda de nuevo las necesidades de la gente y no a las del mercado internacional. Estamos siendo sacrificados en aras de los grandes mercados globales, que fijan el precio a los granos, que se les llama comoditties porque no tienen ningún valor agregado. Aquí hay mucho discurso anti-imperialista, mucha retórica contra Bush, pero de las corporaciones no se habla nunca. Es una gravísima carencia de la izquierda de quedarse en visiones antiguas, el pensamiento concreto de los 70, enfatizando la lucha contra el imperialismo, despreocupado de las corporaciones, que son el verdadero problema de la globalización - ¿Cómo se constituye localmente el imperio sojero? - El mayor sojero de la Argentina es Guillermo Grobocopatel, cuya empresa, Los Grobo, tiene base en Carlos Casares, quien arguye que no tiene campos propios, que son sin tierra -se equipara con los Sin Tierra del Brasil- e intenta tener un discurso progresista y de izquierda. Es un hombre que inicia su fortuna con la dictadura militar, y hoy día está ocupando unas 700.000 hectáreas por arrendamiento, es el más grande pool de siembra del país. Un pool de siembra es una empresa que arrienda campos para plantar soja, con la maquinaria, equipos de hombres, los silos para concentrar, convirtiendo al antiguo productor, dueño de tierras, en un rentista, que vive en la ciudad y ya no trabaja el campo ni es dueño de sus semillas, pero sí tiene mucho poder adquisitivo. - ¿Qué propone el Grupo de Reflexión Rural? - Lo que proponemos es la resistencia a este a modelo, a ir construyendo otro modelos a partir de lo pequeño y lo local, la única manera de resistir a estos procesos ligados a los mercados internacionales es desde lo local y desde lo pequeño: huertas para abastecimiento ligadas a los mercados locales, como en la ciudad de Rosario, donde los piqueteros han desarrollado huertas de verduras orgánicas y las venden en la plaza a los sectores de clase media que se las sacan de las manos, porque es verdura fresca y sana, pero también las huertas familiares de autoabastecimiento, reciclar la basura para mejorar el suelo, y sobre todo estamos enseñándole a la gente que aprendan a hacer setos verdes como había antes, que pueden ser barreras de árboles o setos hechos con ligustro con cañas para detener la deriva de los tóxicos de las fumigaciones sobre las viviendas y los niños. En muchos pueblos de las provincias la gente vive encerrada en sus casas porque el aire está contaminado, y la gente va cronificando las enfermedades y se automedica. Esto es el resultado del enriquecimiento de una minería que no solo produce deterioro en la salud de la gente sino también devastación en el medio ambiente. Gran parte de la soja se procesa como harina y se vende como balanceado, otra parte se procesa como aceite, todo se vende a Europa y a China, otra parte se vende como grano para que China se produzca el aceite. Y como subproducto la lecitina de soja, una especie de manteca, que se utiliza para engordar y abaratar los alimentos que nosotros consumimos, y queda la torta de soja que sirve para forraje.
En un año en que, con suerte y mucho viento a favor, debatiremos sobre el futuro de la basura en San Pedro y su tratamiento, el Ente Participativo Ambiental (EPA) presenta a una especialista en el tratamiento de pilas usadas. Aquí, comentamos quién es y qué hace la especialista, qué es una pila, sus contaminantes, tratamientos en otras ciudades y países.
La especialista del EPA
La ¿Doctora? Susana Silvia Paviolo de Strunz -de la que sabemos que es abogada (UBA) y tiene un master en derecho ambiental (Universidad Austral) y otro en medio ambiente (Universidad de Ciencias Empresariales) , pero, lamentamos, no sabemos si posee doctorado alguno-, es asesora internacional en derecho ambiental, miembro del estudio jurídico Strunz y brinda charlas sobre pilas y contaminación, afirmando que desde 1993 las pilas alcalinas poseen la cantidad de mercurio exigida por la legislación vigente, por lo tanto no contaminarían, aunque un estudio de 2007 del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) asegure que una de cada tres pilas son defectuosas y contaminantes, y Greenpeace asegure que una pila alcalina contamina unos 167.000 litros de agua, equivalentes a lo que consumen seis personas en toda su vida.
La abogada participó en noviembre de 2006 en un debate sobre el tema pilas que organizó la diputada radical Mónica Tomei en la sede de la Universidad Nacional de Rosario. Su condición de participante obedecía a su calidad de representante en Argentina de Duracell, Energizer y Eveready, al igual que el Lic. Daniel La Capria, según consta en numerosas publicaciones digitales que cubrieron lo que denominaron un “fuerte debate”.
Este debate estuvo centrado en si las pilas contaminan o no. La especialista que nos visitará sostuvo que las alcalinas no recargables que comercializan las empresas representadas por Strnz no contienen elementos contaminantes desde 1993 y deben ser tratadas como residuos domiciliarios. La diputada Morei cuestionó el argumento, y señaló que si esto era cierto, los fabricantes nunca informaron a la población, por lo que muchas localidades continuaban haciendo el esfuerzo de separar y acumular las pilas para evitar lleguen a los sitios de depósito de residuos. También en ese debate se puso en cuestionamiento las tesis de Strunz al señalar que las organizaciones ecologistas dudan que las pilas no representen ningún riesgo ambiental y de salud, y se recordó que las pilas denominadas truchas se venden con facilidad debido a su bajo costo, por lo que sería muy difícil determinar qué pilas de las contenidas por aquellas localidades que las acumulan serían las que contaminan y cuáles supuestamente no.
El martes próximo, invitada por una organización ambientalista local, el Ente Participativo Ambiental (EPA), brindará una charla al respecto en San Pedro. Como la que dio en Paraguay, cuya crónica puede leerse en el sitio ABC de ese país. Allí, la asesora expuso que las pilas primarias de “marcas responables” cumplimentan con las normas IEC y las otras no, por lo que se permite que las primeras sean tiradas a la basura “sin miedo de causar daño al ambiente”.
El debate sobre las pilas implica involucrar a las empresas fabricantes y distribuidoras en el tratamiento correcto de su condición de residuos. Esto es, en general, que las pilas usadas retornen a las empresas para su posterior reciclado, o bien que éstas coadyuven para que el Estado pueda afrontar el tratamiento de estos peligrosos residuos.
La pregunta es: una especialista en el tema que asesora empresas y vendrá a decirnos que no hay problema con tirarlas a la basura como cualquier otro residuo pues no hay peligro de contaminación porque esas empresas se preocupan por el medio ambirente, ¿también vendrá a recomendarnos que las pilas que tiren Ramallo y Baradero sean enterradas en el Relleno Sanitario que inconsultamente podría realizar el gobierno local?
La ciencia no deja de ser un relato como cualquier otro, y obedece a determinados intereses. Algunos más benignos que otros, claro. Recomiendo el trabajo de la Lic. Silvia Buján acerca de las relaciones ciencia/poder, como para ir recordando que las cosas no pasan de casualidad y que la razón tecnológica no siempre es la única ni la universal.
Pilas y acumuladores
¿Qué es una Pila? Una fuente de energía eléctrica obtenida por transformación directa de energía química y constituida por uno o varios elementos primarios, no recargable: las pilas comunes. Un acumulador, es más o menos lo mismo con la diferencia de que es recargable: las baterías del celular, por ejemplo. Eso nos dice el asesor útil. Las pilas y acumuladores son considerados Residuos Peligrosos Universales (RPU), por lo que en general su tratamiento implica una fuerte acción del Estado, organismos no gubernamentales, sociedad civil en general y empresas que fabrican y distribuyen este tipo de elementos. En nuestro país, la ley nacional Nº 24.051 sobre Residuos Peligrosos considera peligroso a “todo residuo que pueda causar daño, directa o indirectamente, a seres vivos o contaminar el suelo, la atmósfera o l ambiente en general. Los principales RPU están dentro de los llamados Residuos Electrónicos (conocidos con la sigla RAEE), como las pilas y acumuladores de todo tipo.
¿Qué pasa con los residuos electrónicos? En USA se prohibió su ingreso a los sitios de depósito de residuos (rellenos sanitarios, basurales a cielo abierto, etc.) y se los separa en origen para su reciclaje. En Europa se involucró a los fabricantes y distribuidores/comercializadores para la concientización de la población en torno a la separación doméstica de estos residuos, con fuerte participación de las autoridades municipales y organismos no gubernamentales. En Argentina, como en Latinoamérica en general, se vienen produciendo campañas de recolección de RPU que impiden su llegada a los rellenos sanitarios y/o basurales, llevándolas a plantas destinadas a desactivar las pilas y acumuladores y reciclar lo reutilizable de los residuos electrónicos.
Las pilas, ¿contaminan?
Sí. No hay vuelta, las pilas y baterías contaminan. Algunas más, otras menos, otras mucho menos, pero todas poseen materiales que afectan la salud y el medio ambiente. Por lo tanto el problema reside en cómo las utilizamos para procurar que su impacto sea menor. Usar recargables, pues contaminan menos; evitar lo más posible el uso de aparatos a pilas; promover su reciclaje; y fundamentalmente no arrojarlas con el resto de los residuos, es decir, no tratarlas como cualquier otro residuo. Esto último implica la acción del Estado y las empresas fabricantes y distribuidoras/comercializadoras para que no lleguen a los sitios de depósitos de los residuos sólidos urbanos y se desactiven y/o reciclen.
Úselo y tírelo
Las pilas alcalinas son uno de los mayores problemas. Uno las usa y las tira. Cuando las pilas son arrojadas junto con el resto de los residuos, estamos arrojando metales que, tras ser depositados en un basural a cielo abierto, serán arrastrados por la lluvia a los cursos de agua subterráneos y de allí al río. O bien serán quemados junto con el resto de la basura, evaporizándose y siendo dispersados por el aire, llegando a los suelos y los cursos de agua. En los rellenos sanitarios, al ser aplastadas por las maquinarias, las pilas liberan una importante dosis de tóxicos cuyo tratamiento posterior se torna muy caro, por lo que en general esos contaminantes vuelven al ambiente.
¿Qué hacer?
Lo mejor es el tratamiento particularizado. Las pilas y acumuladores deben ser tratados en su especificidad. Tratamiento y reciclaje son la cuestión. Por lo general este tratamiento pormenorizado comienza con la separación doméstica, en los hogares. Luego se realiza una recogida selectiva, con contenedores para su depósito, tras lo que son derivadas para su reciclaje en una planta de valorización de pilas. Habitualmente, las municipalidades se ocupan de su propia basura, por lo tanto de sus propias pilas. En un municipio que se hace cargo de su responsabilidad como Estado en el tratamiento de los residuos sólidos urbanos, independientemente del sistema utilizado, lo usual es que se cree o concesione una planta de reciclado que contemple la valorización de las pilas. Cuando existe la separación en origen para su posterior reciclado, son las cooperativas de recuperadores urbanos los que trabajan en el proceso de reciclado, sea en una planta del propio Estado o de un concesionario.
San Pedro recibe la visita de una especialista en el tema que vendrá a difundir las posiciones de las empresas fabricantes en el marco de un incipiente debate sobre un proyecto de Relleno Sanitario que supla al basural abierto. Una mirada pasiva sobre esto podría redundar en la aceptación por parte de la población de la deposición masiva de pilas en nuestra ciudad, incluso de las pilas de las localidades vecinas. Una mirada crítica pretende abrir un debate sobre las pilas y su tratamiento, para empezar a discutir si queremos ser el basurero de la zona.